La meditación y el amor humano son entrenamientos para el verdadero amor

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En su conferencia ‘Las dinámicas del Masculino y el Femenino’, resumida a continuación, el Dr. Christian Beyer aclara algunas confusiones sobre estas dos energías que mueven la vida y desarrolla su relación con el amor y el crecimiento espiritual. Porque “lo femenino no se desarrolla siguiendo consejos de revistas…”.

 

Cuando uno escucha a Christian Beyer tiene la sensación de que algunos conceptos humanísticos y espirituales no están bien colocados en la psique occidental actual. Uno de los méritos del padre de la Psiconeurodontología y la Psiconeurhomeopatía es poner estos conceptos en su sitio, lo que suele tener un efecto casi inmediato en nuestro interior.

¿Un ejemplo? En la conferencia ‘Las dinámicas del Masculino y el Femenino’ aprendemos que la frase ‘lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre’, no habla en realidad del matrimonio entre dos personas. Habla de los polos, masculino y femenino, que Dios ha puesto dentro de cada uno de nosotros.

Nacemos con estos dos polos y su conexión en nuestro interior es fundamental para nuestra dimensión espiritual, por eso “que no lo separe el hombre”. Sin embargo, esta separación es una de las tareas que mejor ha hecho el ser humano a lo largo de muchos siglos: al vivir desde el ego ha roto la conexión entre estos dos polos.

No podemos experimentar nada más que un reflejo del amor de Dios (o del Universo) en nuestra realidad encarnada “pero cuando eso ocurre llena todas las carencias”, afirma el Dr. Beyer. Para ello, hace falta dejar que nuestro Cielo entre en nuestra Tierra, la dimensión masculina en la femenina, en nuestro interior, y trascender así al humano animal centrado en la supervivencia o en los deseos de su ego.

En ‘Las dinámicas del Masculino y el Femenino’ Beyer desarrolla también otras cuestiones más terrenales pero cruciales para cualquiera que acompañe o siga un proceso de conciencia: ¿puede explicar mi posición en el árbol genealógico mi sufrimiento en la vida? ¿por qué en algunas familias nacen muchos más hombres que mujeres o al revés?, o ¿qué papel tienen las hormonas sexuales en un proceso de reapertura espiritual?

Árbol genealógico y sexo esperado

El mental humano lleva desde los primeros hombres acumulando memorias que pasan de generación en generación, y por eso en nuestra psicología llevamos heredadas instrucciones inconscientes que pueden condicionar toda nuestra vida.

Una de esas memorias es lo que Beyer llama el conflicto de eternidad: “Una lucha entre el ego humano y Dios, en la que el ser humano quiere ser también inmortal”. Para ello, el varón necesita un hijo que a su vez debe tener un hijo y así sucesivamente, para que la esencia del hombre que comenzó el linaje se perpetúe. Beyer cuenta que de ahí viene la tradición de poner al hijo el mismo nombre que el padre. ¿Y cuál es el conflicto de eternidad de la mujer? El mismo, una hija que la perpetúe.

A lo largo de los siglos esto ha pautado una instrucción inconsciente en cada familia: si eres el primero debes ser un chico y si eres el segundo debes ser una chica. “Aquí el primer drama de la novela masculino femenino”, afirma Beyer.

“Así que si eres una chica en el primer lugar no eres bienvenida y mamá tiene que hacer un chico en el segundo lugar”. Esto supondrá para esta chica un grave conflicto inconsciente de reconocimiento y por supuesto un inexplicable rencor hasta que tome conciencia en algún momento de su vida de su procedencia. “Puedo afirmar lo anterior porque he comprobado conflictos de este tipo en miles de casos en consulta”, afirma Beyer.

“Si nace un chico en el segundo lugar entonces es bienvenido porque ya tenemos la pareja”, pero si nace otra chica en la posición dos, aunque está mejor recibida al estar en la posición esperada, tampoco es bienvenida porque el inconsciente de los padres va buscando un chico. Y lo mismo ocurriría si tras un varón en la posición uno, nace un segundo varón: estaría marcado por el rencor por un sentimiento de injusticia porque, ¿acaso uno decide su sexo?

¿Y por qué se ve en algunos árboles genealógicos una prioridad de la biología hacia un sexo? Es decir, casi todo son chicas o casi todo son chicos…

El mental humano (que incluye la parte inconsciente colectiva) tiene como misión evitarnos el sufrimiento. Así que “si alguna vez en la genealogía el hombre ha sido despreciable, en la siguiente o siguientes generaciones solo nacerán chicas”, explica Beyer. ¿Y por qué a veces ocurre lo contrario, que no hay una chica? En ese caso “hay que ir a ver en el árbol materno si hay un conflicto del valor que da una madre a su hija” (las que serían abuela y madre de la no nacida).

Una gran confusión de nuestros tiempos: la dinámica femenina

Lo masculino y lo femenino se articulan con diferentes características. “La dinámica masculina es la del deseo: atrapar, tomar, conquistar, hacer, construir. Se trata de acciones en el exterior, modificaciones en la materia…”. Como movimiento es centrífugo, va de dentro a afuera y transforma el mundo.

Lo femenino sin embargo es centrípeto, acogiendo lo de fuera hacia adentro. Y cuenta Beyer que conceptualmente “lo femenino es algo muy difícil para el ego, pero muy natural para el cuerpo y el corazón, es hacer este gesto (un brazo hacia adelante y la mano abierta con la palma hacia arriba): ¿me puedes dar?”

Pero existe una gran confusión en la vida actual: Beyer explica que hay imágenes que se entienden como femeninas y no lo son, son masculinas. “Lo femenino no se desarrolla siguiendo la mayoría de consejos de revistas femeninas: cambiando de peinado, de ropa, maquillándose de otra forma…, todo esto no tiene nada que ver con lo femenino porque es un cambio en lo exterior para atrapar algo, tiene una dinámica masculina. Es aumento de valor eso sí, os vais a encontrar mejor y es bueno para la identidad y la confianza, pero no es femenino. Lo femenino de verdad no es atrapar, es recibir. Pero este gesto (la mano extendida para recibir) ha perdido completamente la asociación con lo femenino”.

Y lo que está detrás de esto es una confusión cultural mayúscula sobre la idea de recibir: a partir de los seis años hemos aprendido que para recibir tenemos antes que dar y esto es una dinámica del ego, “es la ley del intercambio, de la Tierra que olvida el Cielo, de la biología… Si lo analizas bien verás que todas tus relaciones hasta ahora se han basado en esta ley”.

“Esto crea el concepto de injusticia”, explica Beyer, “que es la comparación entre lo que he dado y lo que he recibido, por eso educar a los niños en ese principio era condenar a la humanidad al sufrimiento, a la dimensión animal. ¿Cómo es posible que nadie se haya levantado para decir ‘yo rechazo tener que demostrar que merezco para recibir’? No, se acabó, algo en mí tiene derecho de recibir”.

La pareja interior y el corazón sagrado

“Así que, cuando hay algo que echáis de menos o que necesitáis, pedid”, afirma Beyer. “Pide y recibirás… Ayúdate y el Cielo te ayudará… Está escrito en la Biblia, que es un libro sagrado, o sea que recoge con simbolismos y metáforas la anatomía y la dinámica del alma humana”. No necesitas merecer para que el Cielo te dé, no es un intercambio.

Beyer explica que cuando hay algo que te falta puedes hacer en la vida hasta el límite de tu poder y el Cielo va a hacer el resto. “Daos la vuelta hacia vuestro corazón y en vuestro corazón pedid a vuestro Cielo, y vais a recibir, está escrito, según vuestros méritos”. Pero estos méritos, aclara Beyer, no son los que hemos aprendido como ser buenos, responsables, educados, etc., porque esto nos mete de nuevo en la lógica del intercambio. Los ‘méritos’ de los textos sagrados hacen referencia al nivel de preparación que se haya tenido previamente para conectar con el amor de Dios, y que se basa entre otros elementos en la meditación y el amor humano.

En otras palabras, la meditación y el amor humano son como entrenamientos para dejar llegar ese Cielo a nuestro interior. “Y no os entrenéis a cómo ser amados, a recibir, sino a dar amor, porque el corazón no funciona como el cuerpo, el cuerpo funciona en los intercambios, pero el corazón funciona en el compartir”, explica.

En realidad, cuenta Christian Beyer, “el amor que creemos sentir la mayoría de las personas es afectivo, emocional, pero es en cierto modo falso, es agradable pero psicológico e irreal y es toda la periferia de lo que en realidad es el corazón sagrado. Vuestro corazón interior solo puede tocar el verbo amar en su eje vertical, en la dimensión Cielo, pero esa dimensión de alma está en el interior. Y para recibir se trata de girar la mirada hacia el interior y girar el polo femenino (Tierra) de tu alma hacia el masculino (Cielo) y dejar que esa pareja se ame, esta es la única cosa que llena el corazón y cuando esté lleno de esto ya no podrás hacer nada más que darlo”.

Beyer aclara que estos polos femenino y masculino del alma tienen una localización virtual en el plano físico. El polo masculino puede situarse en algún lugar del ‘cielo’ de la persona, a unos centímetros por encima de la cabeza, y el polo femenino estaría virtualmente en el interior de la persona, en su dimensión terrestre, en la zona del vientre (chakra número 2).

La situación de una persona en las dinámicas de su espíritu, así como los sufrimientos inconscientes de su psique tienen un reflejo en los dientes, estructura conectada a lo neurológico, y esto sería la base de la Psiconeurodontología como conocimiento para el diagnóstico desde la materia hacia lo sutil, y de sanación desde lo sutil hacia la materia.

Cabe recordar también el papel fundamental de las hormonas sexuales en la espiritualidad. Explica Beyer que “la primera producción de hormonas sexuales ocurre en el octavo día después de nacer y sin embargo a los ocho días de nacer es obvio que el bebé no se está preparando para nada de naturaleza sexual”. Esto es una corroboración de que las hormonas aparecen para otra cosa, que es posibilitar el despliegue de la conciencia y la espiritualidad en la dimensión encarnada: “Las hormonas tienen una función en nuestra cabeza”.

Y el padre de la Psiconeurodontología y la Psiconeurhomeopatía dedica también unos minutos a la identidad: “El ego confunde su identidad con su cuerpo, es una confusión universal, pero yo no soy mi cuerpo”, aclara. “El nombre, el sexo, la profesión son etiquetas. ¿Quién eres tú? La fuerza vital que está dentro de ese cuerpo. Sin embargo, la raíz identitaria de quién soy está contenida en mi cuerpo, así que amad vuestro cuerpo, pero no lo confundáis con el habitante del cuerpo”.

Otras ideas clave expresadas por Beyer en esta conferencia son: “Aquello de lo que está prohibido hablar no desaparece, el mental humano lo pone en el inconsciente”; “ya no me creo que Dios esté en el mundo del más allá. Yo prefiero un Dios que esté en el mundo de aquí” o “creo que el paraíso es accesible aquí y ahora, porque está en nuestro interior”.

 

Resumen: Adolfo Díaz Ubeda

 

Más información:

Enlace a la conferencia ‘Las dinámicas del Masculino y Femenino’

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